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viernes, 6 de abril de 2012

VÍA CRUCIS

Es la meditación de los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz y posterior resurrección. Literalmente, via crucis significa "camino de la cruz". Al rezarlo, recordamos con amor y agradecimiento lo mucho que Jesús sufrió por salvarnos del pecado durante su pasión y muerte. Dicho camino se representa mediante 15 imágenes de la Pasión que se llaman "estaciones". Te animarás a cargar con las cruces de cada día, si recuerdas con frecuencia las estaciones o pasos de Jesús hasta el Calvario.










El Greco - Vía Crucis











Quinta Estación




Cuarta Estación


Botero - Vía Crucis


miércoles, 4 de abril de 2012

LA SED DE CRISTO


[Cuento. Texto completo]Emilia Pardo Bazán
Cuando desde la altura de su patíbulo, abriendo las desecadas fauces, exhaló Cristo la más angustiosa de las Siete Palabras, María Magdalena, que estaba como idiota de dolor, estrechamente abrazaba al tronco de la cruz, se estremeció y, recobrando energía y actividad, a impulsos de una compasión que la penetraba toda, se lanzó en busca de agua que aplacase la sed del moribundo Maestro.No muy lejos del Calvario, sabía Magdalena que manaba, entre peñascos, purísimo y cristalino manantial. Pidió prestada una taza de arcilla a un hombre del pueblo de Jerusalén, de los que en tropel rodeaban la cruz, y se encaminó hacia la escondida fuente. Poco tardó en encontrarla, sintiendo profundo regocijo al pensar que aquella linfa fresquísima calmaría, siquiera momentáneamente, los sufrimientos del mártir. Surtía el chorro, más claro que cristal, de una grieta tapizada de musgo y finos helechos, y el rumor de su corriente lisonjeaba el oído y el corazón. Al recoger en el cuenco de barro el agua, Magdalena notó que estaba fría, helada casi, y de nuevo se alegró, pensando lo refrigerante que sería para Jesús el sorbo. Con su taza rebosante corrió al lugar del suplicio, y a fuerza de ruegos logró que le permitiesen los sayones amontonar unas piedras y encaramarse hasta acercar el agua a los labios cárdenos del crucificado. Y cuando esperaba verle paladear el agua consoladora, he aquí que Jesús la rechaza, moviendo la cabeza y repitiendo en un soplo imperceptible: «Sed tengo».
Con la penetración del amor -porque en verdad os digo que no hay nada que ilumine el entendimiento de la mujer como amar mucho y de veras-, Magdalena adivinó que Cristo deseaba otra bebida más exquisita y rara que el agua natural, y era necesario traérsela a cualquier precio. Mientras se precipitaba hacia Jerusalén, iba recordando que el despensero y mayordomo del tetrarca Herodes la había obsequiado antaño con un falerno añejísimo, ardiente como fuego y dulce como miel, del cual una sola gota es capaz de reanimar un yerto cadáver. Suplicante y presurosa rogó la arrepentida a su antiguo galán, y como accediese a sus ruegos, volvió al Calvario radiante, escondiendo bajo su manto el ánfora de inestimable valor, y apoyó el pico en la boca de Jesús. Un movimiento más acentuado de repugnancia y un débil gemido donde casi expiraba inarticulado el lastimoso «Sed tengo», revelaron a la Magdalena que tampoco esta vez poseía el medio de calmar las torturas de la santa víctima.
En su desconsuelo y en su enojo contra sí misma por no haber acertado, reverdeció más y más en la Magdalena la memoria de su escandalosa juventud. Bien presente tenía que un patricio romano, epicúreo fastuoso, lector de Horacio y algo poeta, que por la hermosa hierosolimitana hizo mil locuras, solía hablar de los banquetes del Olimpo pagano y de la misteriosa virtud e incomparable esencia del néctar de los dioses, que infunde la felicidad e inyecta vida a oleadas en las venas exhaustas y en el cuerpo expirante. Y como si algún maléfico poder oculto -tal vez el de Satanás, empeñado hasta la última hora en tentar al Redentor para probar su divinidad- fuese cómplice del insensato anhelo de la pecadora, he aquí que se sintió arrollada y transportada con velocidad increíble en alas del viento, que la depositó suavemente sobre la cumbre de una montaña deliciosa, poblada de olivos, laureles, naranjos cuajados de azahar, que alternaban con boscajes de mirtos y rosales en flor, de embriagador perfume. Bajando airosamente la escalinata de un elegante templete de mármol blanco, salió al encuentro de Magdalena hermoso mancebo sonriente, de rizos color de jacinto y brillantes pupilas, y le presentó una crátera de oro maravillosamente cincelada, donde chispeaba un licor transparente, rosado, de fragancia embriagadora, que trastornaba los sentidos. Llena de gozo, Magdalena estrechó contra su pecho la sagrada ambrosía y sólo pensó ya en ofrecérsela a Jesús, porque era imposible que aquel licor glorioso, escanciado por Ganímedes, no arrebatase el alma del mártir, haciéndole olvidar sus dolores. Sólo con llevar la copa de ambrosía en las manos sentíase Magdalena presa de dulce fiebre y deliquio, y la Naturaleza le parecía más bella, el sol más claro y el aire más ligero, elástico y luminoso. ¡Desengaño cruel! Así que pudo acercar una copa colmada de ambrosía a los labios de Jesús, cuyos tendones estallaban y cuyo rostro descomponía un padecer horrible, el moribundo hizo un gesto de violenta repulsión, y licor y copa rodaron al suelo, derramándose sobre la seca tierra la bebida de los dioses paganos.
Entonces Magdalena, víctima de la tentación, sintió redoblar su amargura. Los resabios de los años de iniquidad resurgieron, porque el pecado deja sedimentos en el alma y sube a la superficie apenas lo remueve la pasión, y aunque la doctrina de Cristo había inflamado el espíritu de aquella mujer, faltaba todavía que la penitencia la purificase y destruyese la vieja levadura. Sucedió, pues, que Magdalena, ofuscada por el dolor de ver que no sabía estancar la sed de Cristo, se imaginó que el Cordero torturado, si rechazaba el falerno que halaga el paladar y la ambrosía que transporta la imaginación, tal vez aceptaría el vino de la venganza y de la ira; tal vez se aplacasen sus sufrimientos al gustar la sangre del enemigo que le clavó en la afrentosa cruz. Y con este pensamiento, Magdalena se acercó a uno de los sayones, el mismo que había fijado sobre la cabeza de Cristo la escarnecedora placa del Inri, y, engañándole, le llevó lejos del Calvario, a un lugar desierto, y aprovechando su descuido le hirió en el cuello con su propia espada, empapó la caliente sangre en una esponja y volvió segura de que Jesús bebería. Y esta vez, al contrario, fue cuando Cristo, con sobrehumano impulso, se irguió sobre los traspasados pies, y exclamó con fúnebre entonación: «Sed tengo.»
María Magdalena cayó al pie de la cruz, desplomada, retorciéndose las manos y arrancándose a mechones las rubias y sueltas guedejas. Su impotencia para aliviar la sed de Cristo la enloquecía, y principió a acusarse interiormente de su impura existencia, sintiendo sobre la frente humillada el rubor y la pena de tanta disipación, del seco erial de su conciencia, donde no tuvo asilo la piedad. Muchas noches, mientras ella derrochaba oro en su opulenta mesa y se reclinaba sobre tapices tirios y pérsicas alfombras, los pobres, a su puerta, esperaban como perros las migajas del festín, y las mujeres de bien, velándose el rostro, apresuraban el paso para no oír las risotadas y las canciones impúdicas. Por eso, sin duda, no podía disfrutar ahora el consuelo de aplacar la sed de Cristo, sed que neciamente creyó satisfacer con el vino de la gula, la ambrosía del placer o la sangre de la venganza. Y al recapacitar, ablandábase poco a poco el corazón de la pecadora, y subiendo a sus ojos el agua del arrepentimiento y de la humildad fluía de sus lagrimales, resbalando lentamente por sus mejillas. Era tanto lo que lloraba Magdalena, que parecía liquidarse su espíritu, y las lágrimas empapaban la ropa y los hermosos extendidos cabellos. Y como levantase los ojos hacia el rostro de Jesús, vio en él una súplica, un ansia tan viva y tan amorosa que, inspirada, juntó las manos y recogió en el hueco de ellas aquel sincero llanto de contrición, y alzándose hasta Jesús, lo llegó a su boca. Por primera vez, en lugar del acongojado «Sed tengo», Jesús respondió a la Magdalena abriendo los labios y bebiendo ávidamente, al par que transfiguraba su rostro una expresión de inefable dicha.
FIN

jueves, 28 de julio de 2011

EL ARTE SACRO DE ANTONIO MONTIEL


Antonio Montiel, nace en Antequera (Málaga) el 30 de agosto de 1964.

Desde muy temprana edad, la inclinación que siente por el dibujo y la pintura le convencen que ha nacido para la creación artística y sobre todo para indagar en el análisis de los rostros humanos.
Es la actriz malagueña Pepa Flores (Marisol) la que le inspira constantemente, casi como una "Musa Obsesión" en los primeros años de su niñez y adolescencia.
Las primeras exposiciones ( con catorce y quince años) avalan los inicios del artista que comienza a desarrollar una carrera meteórica que le llevan, incluso, a probar suerte tambien, en la docencia, para niños y adultos.

Tras cumplir el servicio militar, donde logra relacionarse con altos cargos del Ejército que le encargan numerosos retratos, entre ellos el de S.M. el rey D. Juan Carlos.
Poco después es la popular revista "Lecturas" la que decide servir, como escaparate de su obra, con una serie denominada "Las Mujeres ¨10¨ españolas en tres dimensiones", retratos de las más famosas mujeres de todos los ámbitos de la sociedad española. Dicha serie se convertiría mas tarde en la exposición "Mujeres de España".
La reina Sofía lo recibió en Audiencia Privada en la primeravera de 1997, felicitándolo por el extraordinario retrato que realizó de ella y que según la soberana, se encuentra entre sus preferidos.
También viajó a Cuba para retratar al comandante Fidel Castro.
Ha sido galardonado con numerosos premios y homenajes, entrevistado por los más importantes periodistas de radio y televisiones españolas, amén de infinidad de publicaciones en prensa internacional y ha retratado a muchísimas personalidades destacadas de todo el mundo.
Su obra sacra se ha publicado durante dos años consecutivos en Diario Málaga- Costa del Sol y ha colaborado como ilustrador eventual en diferentes diarios nacionales.
En Marzo del año 2002 celebra su primera muestra de "Arte Sacro" organizada por la entidad bancaria "Cajamar" en Málaga.
Durante el año 2003,el alcalde de Málaga le encarga el cartel anunciador de la feria de la capital de la Costa del Sol y el Ministerio de Sanidad le elige para llevar a cabo el retrato de la Ministra de Sanidad, Celia Villalobos.
A principios de 2004, el Ayuntamiento de Antequera le distingue con "El Efebo", reconocimiento que se le otorga junto a otros ilustres compañeros en el Dia de Andalucía y también para Antequera, pinta este mismo año, el cartel de la Proclamación del Cristo de la Salud y de las Aguas, como nuevo Patrón de esa ciudad.
El 6 de Mayo de 2005 recibe el galardón "Con acento andaluz" donde este mismo año, también pinta el cartel anunciador de su Semana Santa.

domingo, 24 de abril de 2011

¡FELICES PASCUAS!

Gloria - Jose Carreras


Mateo, Capítulo 28

28:1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.


28:2 Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.


28:3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.


28:4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.


28:5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.


28:6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.


28:7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.


28:8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,


28:9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.


28:10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

Palabra del Señor.

Así nos alegramos con la Resurrección del Señor. Como cristianos, es uno de los momentos más importantes, en donde no sólo renovamos la Fe, si no que también nos ponemos en servicio del Señor, para ubicarnos junto al hermano más necesitado de cuerpo y espíritu.
La Misericordia, ya casi olvidada por muchos, es aflorada por quienes luchan día a día por todas las almas tristes y desesperanzadas.
Tengamos presente, en estas Pascuas de Resurreción, la entrega absoluta de Jesús para la salvación de nuestros pecados. Seamos misioneros de Su Palabra y de Sus Acciones.
El camino del Señor es uno solo, Jesús nos lo afirma en su entrega.
 
 

viernes, 22 de abril de 2011

EL ESTRÉS DE JESÚS, ENSAYO MÉDICO - HISTÓRICO

De el Dr. Daniel López Rosetti, especialista en clínica médica y cardiólogo universitario y una notable experiencia en lo que se refiere al estrés en las personas.

... en atención a interpretar el proceso del estrés condicionado por un intenso sufrimiento, se deberán considerar los padecimientos previos a la crucifixión como causas condicionantes de agotamiento psicofísico.

El suplicio y la flagelación. El flagrum.

La crucifixión romana era precedida por un intenso suplicio procurado por los soldados romanos. Recordemos que los judíos no tenían permitido por entonces la aplicación de la pena de muerte, sólo en casos especiales y lo designaba Poncio Pilatos. La pena máxima comenzaba con el castigo de los azotes. Una ley muy antigua judía limitaba el número a 40 para evitar el daño extremo al condenado. Si embargo esta ley no era aplicable a los romanos que podían azotar sin límites al reo.

En resumen...

Jesús sufrió ya desde su detención un proceso de estrés, primero agudo, evidenciado por la activación del sistema simpático y liberación de adrenalina en sangre, y luego se agregaron elementos propios del estrés crónico, como la liberación de ACTH (adrenocorticotrofina) hipofisiaria y la elevación de glucocorticoides por parte de las glándulas suprarrenales. Hay que considerar que Jesús fue sometido en este período a un intenso sufrimiento debido al estrés "psicológico" propio de la detención y enjuiciamiento al que se agregó el "estrés físico" de los castigos y la crucifixión.
Jesús fue sometido a latigazos con el flgrum romano, los que provocaron la laceración en los tejidos con dolor intenso, hemorragia, y fenómenos inflamatorios. (Repercuciones cardiovasculares, destrucción de los tejidos más superficiales y profundos, daño en el tejido celular subcutáneo, capa de las células adiposas, aponeurosis, pérdida de sangre y líquidos)
A estos efectos hay que agregar el dolor de la corona de espinas que no es menor. Por el contrario, el cuero cabelludo se encuentra intensamente inervado e irrigado. Por lo tanto, su traumatismo continuo provocó un intenso dolor, ya que los nervios que trasmiten la sensibilidad de esa región del cuerpo son muy sensibles. Es el caso del nervio trigémino ( que trae información también de oídos, córnea y dentadura). Asimismo la fuerte irrigación sanguínea del cuero cabelludo hace que la pérdida de sangre ante cualquier traumatismo sea intensa.
Tanto el dolor como el propio traumatismo de los azotes y la espinas condicionaron intensos cambios físicos. Entre ellos: hemorragia, hipotensión arterial, taquicardia, taquipnea, hipercapnia, acidosis respiratoria y metabólica y en estadíos finales un cuadro clínico de shock. (cuadro clínico de claudicación o ineficiencia cardiocirculatora, las arterias se dilatan y así disminuye la presión arterial)
Clínicamente puede observarse en esta condición una piel pálida, fría y sudorosa. En estadíos avanzados se observará cianosis con coloración azulada de labios y lecho ungueal.
La crucifixión propiamente dicha fue llevada a cabo por los romanos en forma habitual. Se hacía que el condenado transportara por sus propios medios la porción horizontal de la cruz, el "patibulum", hasta el lugar de la crucifixión. Ahí se fijaban las manos sobre el patíbulum con clavos de 15 a 20 cm de longitud, que atravesaban los huesos de las muñecas (y no de la palma de las manos) a los efectos que estos pudieran sostener el peso del cuerpo. Luego el patíbulum con el cuerpo de Jesús fue subido a una pieza de madera vertical, la "stipe", y ajustada en su extremo por medio de un orificio en el patíbulum. Así quedaba constituída una cruz en forma de T. Luego eran clavados sus pies con un sólo clavo, que atravesaba ambos talones a la vez. Así sólo quedaba que Jesús muriera en la cruz por asfixia, ya que es esta la causa básica de muerte por crucifixión. La respiración es muy dificultosa en esta condición y el crucificado solo puede inspirar elevando el cuerpo hacia arriba apoyando sus pies clavados pr sus talones y traccionando hacia arriba por sus brazos clavados en el patíbulum por sus muñecas. No es fácil imaginar tan intenso dolor para cada movimiento respiratorio.
En estos últimos minutos Jesús presentó todas las condiciones clínicas que lo llevarían a la muerte.
Neurológicamente es posible cierto estado de estupor, adormecimiento o disminución del estado de conciencia propio de la condición clínica de shock.

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
Jesús muere luego de 6 horas de crucifixión, un viernes a las 3 de la tarde. Muere antes que los dos ladrones, que fueron crucificados con Él. y esto muy probablemente sea debido al estrés intenso, tanto psicológico y emocional como físico, al que fue sometido antes de la crucifixión.

domingo, 17 de abril de 2011

ASSISI 2007

Aunque esto se haya hecho para Navidad, mi intención es publicar una nueva versión del "CORDERO DE DIOS", para estos momentos de rendición de pecados. Ese concierto, hecho en Asís, lleva a los cristianos a unirse en esta Pascua desde otro lugar, con el alma franciscana.
Maravilloso sonar para nuestros corazones.

http://www.youtube.com/watch?v=GZfEI4Cfuos

DOMINGO DE RAMOS

PROCESION DE LAS PALMAS

EVANGELIO

Bendito el que viene en nombre del Señor

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
-«Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédrnelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.»
Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:
«Decid a la hija de Sión: "Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila".»
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
-«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:
-«¿Quién es éste?»
La gente que venía con él decía:
-«Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.»

Palabra de Dios.

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PRIMERA LECTURA


No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

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Salmo responsorial

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24(R.:2a)

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere.» R.

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; tenedlo, linaje de Israel. R.

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SEGUNDA LECTURA

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

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Aleluya Flp 2, 8-9

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».













domingo, 3 de abril de 2011

REFLEXIÓN DE CUARESMA

Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos". Quien se dirige a este propiciatorio con entrega absoluta y pone su mirada en el Señor crucificado mediante la fe, la esperanza, la caridad, la devoción, la admiración, el gozo, el amor, la alabanza y el júbilo del corazón, realiza con él la Pascua, es decir, el paso... Mas, para que este paso sea perfecto, es necesario que, suspendiendo la actividad intelectual, todo el afecto del corazón se transforme y dirija totalmente a Dios (San Buenaventura)



CUARESMA

sábado, 3 de abril de 2010

MUERTE DE CRISTO

Versión tomada de la película La Pasión de Cristo.
No hay mucho para decir o diríamos cosas hasta morir. Nos queda la fe, la convicción de que es nuestro Señor, sus milagros y su Misericordia. Dejemos abierto nuestro corazón a un renacer de la fe, a una renovación de nuestra creencia para seguir al lado de Nuestro Señor Jesús, quien nos ama. Sintamos su presencia en las cosas diarias y sólo así veremos la humildad de quién dio la vida por nosotros.

VÍA CRUCIS EN ROMA CON JUAN PABLO II

domingo, 28 de marzo de 2010

IMÁGENES DE LA SEMANA SANTA

"Ascención" de Rembrandt


"La Última Cena" de Leonardo



"Cristo" de Greco


"El descendimiento de la cruz" de  Roger Van Der Weyden.



"Cristo llevando la cruz" de Juan de Valdez



"La Pasión"

                                           "La Piedad" de Bellini




                                         "La Piedad" de Miguel Ángel