Nicole Kidman, en Nine
Marion Cotillard en Nine
No encontré para este video una versión en español o subtitulada. Pero quería rescatar una frase que me pareció terrible de ella hacia Guido. Desde el abatimiento y ls penas de su alma ella le dice: "Gracias por no hacerme sentir diferente a las demás". Muchas veces, nos sentimos tan nada, tan poca cosa, tan solas o descartadas...
"En los largos días estivales, un insecto nace al amanecer y muere al atardecer, para sólo vivir ocho horas. ¿Cómo explicarle la palabra noche?
BUBONIS
lunes, 22 de noviembre de 2010
domingo, 21 de noviembre de 2010
DONDE MUERE EL MAR
Es una de las canciones más bellas que por estos tiempos he escuchado y han coincidido con mi alma.
Los Nocheros
http://www.youtube.com/watch?v=1eeVLbXLcbQ
Los Nocheros
http://www.youtube.com/watch?v=1eeVLbXLcbQ
sábado, 20 de noviembre de 2010
SABRÁS
Sabrás que estoy,
porque me verás algún día de pie.
Sabrás que ando,
porque me verás caminar por allí.
Sabrás que voy,
porque dejaré al pasar mi perfume.
Sabrás que vengo,
porque sorprenderé a tu sombra.
Romperé el silencio,
con destellos luminosos ínfimos
sólo con la idea de ser.
Los ojos se han quedado sin ayer,
los días me han dejado sin el hoy.
Caminas en mi mente silenciada
y silenciosa, murmuras en los sonidos
tratando de susurrar.
Los vientos del nuevo día
espantan el dolor y las visiones
que no eran, las luces apagadas.
Comprendo plácidamenete
el vértigo del ser y duermo,
eterna paz que baña el alma de estos días.
Camino en destinos con fines claros
y una sonrisa asoma en el fondo
tratando de construir
las horas que dejé ayer,
las horas que hice ayer.
Viento del Norte,
sé que limpiarás las almas
y excitarás el futuro.
porque me verás algún día de pie.
Sabrás que ando,
porque me verás caminar por allí.
Sabrás que voy,
porque dejaré al pasar mi perfume.
Sabrás que vengo,
porque sorprenderé a tu sombra.
Romperé el silencio,
con destellos luminosos ínfimos
sólo con la idea de ser.
Los ojos se han quedado sin ayer,
los días me han dejado sin el hoy.
Caminas en mi mente silenciada
y silenciosa, murmuras en los sonidos
tratando de susurrar.
Los vientos del nuevo día
espantan el dolor y las visiones
que no eran, las luces apagadas.
Comprendo plácidamenete
el vértigo del ser y duermo,
eterna paz que baña el alma de estos días.
Camino en destinos con fines claros
y una sonrisa asoma en el fondo
tratando de construir
las horas que dejé ayer,
las horas que hice ayer.
Viento del Norte,
sé que limpiarás las almas
y excitarás el futuro.
jueves, 18 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
SI FUERA COMO ELLAS
Ella es Nacha Guevara, muy cuestionada por muchos, su voz quizás no sea la mejor, pero la letra de este tema, me da una fuerza gigante y en algún modo me veo reflejada y sentir una pasión igual por salir adelante. Este fragmento es parte del musical "Eva" del que es protagonista, interpretado en un programa de televisión.
sábado, 6 de noviembre de 2010
LUGAR COMÚN LA MUERTE
Lugar común la muerte
"Desde 1975, todo mi país se transfiguró en una sola muerte
numerosa que al principio pareció intolerable y que luego
fue aceptada con indiferencia y hasta olvido. Así lo perdimos."
Tomás Eloy Martínez.
El momento antes de la muerte. El ahogo o los días de agonía, los de saberse en la puerta de las sombras o a la entrada del dolor más terrible. Este es un libro de muchas muertes que, como afirma su autor, fue escrito “para vivir un día o una semana, y perecer por olvido”.
Lugar común la muerte (Monte Ávila Editores, Caracas, 1979) respira a un costado del silencio de Tomás Eloy. Trazado metódicamente, su autor recorrió ciudades, pueblos, habitaciones, patios, estancias llenas de susurros... Tomás Eloy Martínez entrevistó, consultó páginas, lápidas, ecos y voces petrificadas. Se trata de un compendio de muertes donde entraron José Antonio Ramos Sucre, un Vicente Gerbasi biografiado desde la memoria; un Guillermo Meneses ubicado en otro lugar; Saint-John Perse, Martin Buber, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Martínez Estrada, Juan Manuel Rosas, Juan Domingo Perón, así como eventos que promueven la destrucción humana como la bomba atómica y los testimonios de la gente de La Pastora sobre vivos y muertos. Y La Rubiera, aquel espanto en los ojos de los cuivas asesinados en el hato que aún se nombra en Guárico y Apure. Eso es este libro, que con el pasar de los años ha crecido en historias y páginas. La edición de Monte Ávila nos trajo hasta estos que hoy releemos para recordar a un hombre que legó talento y profesionalismo a un pueblo que aún se debate entre tantos lugares comunes, entre ellos el de la muerte cotidiana, la que se para en una esquina y silba el momento de su llegada.
Tomás Eloy Martínez entró en la vida y la muerte de Ramos Sucre. Buceó en sus secretos, en la angustia de un insomne que “Desde hacía seis meses vagaba de sanatorio en sanatorio...”. Era una enfermedad “de una tenacidad inverosímil”, como le escribiera a un amigo. Fueron días, semanas de viajes y clínicas, de paisajes y un cuadro permanente a través de la ventana del Consulado en Ginebra. Hasta que el frasco de veneno fue vertido en su garganta. La muerte andaba de puntillas. El poeta de Cumaná venció el insomnio para entrar definitivamente en el sueño definitivo.
“...Hace quince días yo iba en busca de un hombre que estaba por morir”, escribe Tomás Eloy Martínez para iniciar el texto “Saint-John Perse desaparece”, que fue enriquecido años después a través de una entrevista con el poeta de Anábasis y Pájaros, que se llevó a cabo a instancias de Gloria Alcorta. Antes, para alcanzarlo antes de la muerte, Martínez tuvo que viajar al pueblo de Hyéres en la península de Giens. En un salto de la memoria el autor recordó la presencia de Perse en Buenos Aires, al lado de Silvina Ocampo, en el Festival de Cine de 1960. Lo describe silencioso, aún joven, de bigote negro y calva avanzada. Tomás Eloy lo oye: “Perse hablaba obsesivamente del mar aquella tarde: de la furia y de la fiebre con que el Atlántico castigaba la costa, y de las horas que había pasado contemplándolo...”. El viaje a la casa de Perse fue accidentado, pero dio con ella. La puerta de la casa la abrió la esposa, ama de llaves y mujer pendiente del más mínimo detalle y de los llamados de un hombre enfermo. Martínez se sentó frente a él: “El cuerpo se le batía en retirada”. Era, como afirma, un hombre que se apagaba. Crónica que despeja los últimos días de un hombre, como los de muchos que viajaron por este libro y se hicieron mito y realidad.
Lugar común la muerte es el destino más humano que recuerde, luego de lecturas y muertes cercanas. Cada página de este libro se tropieza con una agonía distinta. La agonía de esperar el viaje definitivo. Como el de Juan Domingo Perón vigilado por López Rega, el brujo del dictador argentino y de la tragedia de ese país. El eclipse más oscuro de Macedonio Fernández. Los pataleos de Rosas. Cada muerte o agonía es un relevo, un cambio de clima interior. Tomás Eloy Martínez supo tocar la herida abierta del moribundo, desde lejos y desde cerca. Desde la mirada atenuada y desde la tentación de recoger las palabras que los personajes se llevaron a la tumba.
Un largo poema que desviste el instante en que las pupilas se contraen. Y así el corazón del lector, las manos tiemblan porque la muerte es tan individual que perfila el rostro y avisa en los dedos renegridos por la ausencia de circulación. Pero —sobre todo— porque quien la ve está en ella.
Tomás Eloy Martínez vivió la muerte tan cerca cuando fue atropellada Susana Rotker. Él le vio los ojos, se vio los ojos, se vio en la eternidad, como ahora, donde se encuentre.
"Desde 1975, todo mi país se transfiguró en una sola muerte
numerosa que al principio pareció intolerable y que luego
fue aceptada con indiferencia y hasta olvido. Así lo perdimos."
Tomás Eloy Martínez.
El momento antes de la muerte. El ahogo o los días de agonía, los de saberse en la puerta de las sombras o a la entrada del dolor más terrible. Este es un libro de muchas muertes que, como afirma su autor, fue escrito “para vivir un día o una semana, y perecer por olvido”.
Lugar común la muerte (Monte Ávila Editores, Caracas, 1979) respira a un costado del silencio de Tomás Eloy. Trazado metódicamente, su autor recorrió ciudades, pueblos, habitaciones, patios, estancias llenas de susurros... Tomás Eloy Martínez entrevistó, consultó páginas, lápidas, ecos y voces petrificadas. Se trata de un compendio de muertes donde entraron José Antonio Ramos Sucre, un Vicente Gerbasi biografiado desde la memoria; un Guillermo Meneses ubicado en otro lugar; Saint-John Perse, Martin Buber, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Martínez Estrada, Juan Manuel Rosas, Juan Domingo Perón, así como eventos que promueven la destrucción humana como la bomba atómica y los testimonios de la gente de La Pastora sobre vivos y muertos. Y La Rubiera, aquel espanto en los ojos de los cuivas asesinados en el hato que aún se nombra en Guárico y Apure. Eso es este libro, que con el pasar de los años ha crecido en historias y páginas. La edición de Monte Ávila nos trajo hasta estos que hoy releemos para recordar a un hombre que legó talento y profesionalismo a un pueblo que aún se debate entre tantos lugares comunes, entre ellos el de la muerte cotidiana, la que se para en una esquina y silba el momento de su llegada.
Tomás Eloy Martínez entró en la vida y la muerte de Ramos Sucre. Buceó en sus secretos, en la angustia de un insomne que “Desde hacía seis meses vagaba de sanatorio en sanatorio...”. Era una enfermedad “de una tenacidad inverosímil”, como le escribiera a un amigo. Fueron días, semanas de viajes y clínicas, de paisajes y un cuadro permanente a través de la ventana del Consulado en Ginebra. Hasta que el frasco de veneno fue vertido en su garganta. La muerte andaba de puntillas. El poeta de Cumaná venció el insomnio para entrar definitivamente en el sueño definitivo.
“...Hace quince días yo iba en busca de un hombre que estaba por morir”, escribe Tomás Eloy Martínez para iniciar el texto “Saint-John Perse desaparece”, que fue enriquecido años después a través de una entrevista con el poeta de Anábasis y Pájaros, que se llevó a cabo a instancias de Gloria Alcorta. Antes, para alcanzarlo antes de la muerte, Martínez tuvo que viajar al pueblo de Hyéres en la península de Giens. En un salto de la memoria el autor recordó la presencia de Perse en Buenos Aires, al lado de Silvina Ocampo, en el Festival de Cine de 1960. Lo describe silencioso, aún joven, de bigote negro y calva avanzada. Tomás Eloy lo oye: “Perse hablaba obsesivamente del mar aquella tarde: de la furia y de la fiebre con que el Atlántico castigaba la costa, y de las horas que había pasado contemplándolo...”. El viaje a la casa de Perse fue accidentado, pero dio con ella. La puerta de la casa la abrió la esposa, ama de llaves y mujer pendiente del más mínimo detalle y de los llamados de un hombre enfermo. Martínez se sentó frente a él: “El cuerpo se le batía en retirada”. Era, como afirma, un hombre que se apagaba. Crónica que despeja los últimos días de un hombre, como los de muchos que viajaron por este libro y se hicieron mito y realidad.
Lugar común la muerte es el destino más humano que recuerde, luego de lecturas y muertes cercanas. Cada página de este libro se tropieza con una agonía distinta. La agonía de esperar el viaje definitivo. Como el de Juan Domingo Perón vigilado por López Rega, el brujo del dictador argentino y de la tragedia de ese país. El eclipse más oscuro de Macedonio Fernández. Los pataleos de Rosas. Cada muerte o agonía es un relevo, un cambio de clima interior. Tomás Eloy Martínez supo tocar la herida abierta del moribundo, desde lejos y desde cerca. Desde la mirada atenuada y desde la tentación de recoger las palabras que los personajes se llevaron a la tumba.
Un largo poema que desviste el instante en que las pupilas se contraen. Y así el corazón del lector, las manos tiemblan porque la muerte es tan individual que perfila el rostro y avisa en los dedos renegridos por la ausencia de circulación. Pero —sobre todo— porque quien la ve está en ella.
Tomás Eloy Martínez vivió la muerte tan cerca cuando fue atropellada Susana Rotker. Él le vio los ojos, se vio los ojos, se vio en la eternidad, como ahora, donde se encuentre.
jueves, 4 de noviembre de 2010
LA MIRADA DE LA NOCHE
Estos videos pertenecen al sitio oficial http://www.brinzal.org/
La existencia de los centros de recuperación es necesaria desde diferentes puntos de vista:
* Cada año miles de aves son encontradas heridas o huérfanas. Estas aves deben ser atendidas y teniendo en cuenta que la rehabilitación de un ave no sólo se compone de aspectos veterinarios, sólo en un centro de recuperación puede llevarse a cabo esta labor.
* La tenencia de rapaces u otras aves protegidas está absolutamente prohibida, pero son los particulares generalmente los que las encuentran heridas. Ha de haber por tanto algún lugar capacitado legalmente para hacerse cargo de ellas.
*La rehabilitación y cría en cautividad de determinadas especies, especialmente aquellas que se encuentran en peligro, evidentemente no es la solución para el declive de sus poblaciones pero sí puede suponer una importante ayuda.
*Además, el análisis de las causas de ingreso (y por tanto, de mortalidad) proporciona información muy relevante para acometer proyectos de conservación.
*Desde el punto de vista de la conservación, quizá sea más importante la labor educativa de los centros de recuperación que la rehabilitación en sí de los ejemplares. Atender adecuadamente y dar explicaciones a la persona que ha recogido el ave, permitir que siga su evolución en el centro, y liberarla de sus propias manos, o con grupos de personas interesadas constituye toda una actividad educativa.
* En un centro de recuperación pueden realizarse investigaciones que van desde la natural optimización de técnicas (veterinarias y de rehabilitación) hasta trabajos sobre biometría, parasitología, etología, muda, etc. Muchos de estos datos sólo pueden obtenerse a partir de ejemplares cautivos, por lo que parece lógico aprovechar la estancia de estos animales en el centro para obtenerlos, naturalmente siempre que no afecte al proceso de recuperación.
La existencia de los centros de recuperación es necesaria desde diferentes puntos de vista:
* Cada año miles de aves son encontradas heridas o huérfanas. Estas aves deben ser atendidas y teniendo en cuenta que la rehabilitación de un ave no sólo se compone de aspectos veterinarios, sólo en un centro de recuperación puede llevarse a cabo esta labor.
* La tenencia de rapaces u otras aves protegidas está absolutamente prohibida, pero son los particulares generalmente los que las encuentran heridas. Ha de haber por tanto algún lugar capacitado legalmente para hacerse cargo de ellas.
*La rehabilitación y cría en cautividad de determinadas especies, especialmente aquellas que se encuentran en peligro, evidentemente no es la solución para el declive de sus poblaciones pero sí puede suponer una importante ayuda.
*Además, el análisis de las causas de ingreso (y por tanto, de mortalidad) proporciona información muy relevante para acometer proyectos de conservación.
*Desde el punto de vista de la conservación, quizá sea más importante la labor educativa de los centros de recuperación que la rehabilitación en sí de los ejemplares. Atender adecuadamente y dar explicaciones a la persona que ha recogido el ave, permitir que siga su evolución en el centro, y liberarla de sus propias manos, o con grupos de personas interesadas constituye toda una actividad educativa.
* En un centro de recuperación pueden realizarse investigaciones que van desde la natural optimización de técnicas (veterinarias y de rehabilitación) hasta trabajos sobre biometría, parasitología, etología, muda, etc. Muchos de estos datos sólo pueden obtenerse a partir de ejemplares cautivos, por lo que parece lógico aprovechar la estancia de estos animales en el centro para obtenerlos, naturalmente siempre que no afecte al proceso de recuperación.
miércoles, 27 de octubre de 2010
MONSERRAT CABALLÉ - FREDDIE MERCURY
The Fallen Priest
Ensueño
Barcelona
HOW CAN I GO ON
The golden boy
La japonaise
Best Of
Ensueño
Barcelona
HOW CAN I GO ON
The golden boy
La japonaise
Best Of
jueves, 21 de octubre de 2010
NUEVAMENTE
Y vuelvo a caer…
Y vuelvo a sentir el dolor
de la traición anticipada.
Del dolor que penetra.
Suave brisa de primavera.
Cálida templanza de sueños.
Rugir de latidos continuos
que tornan frágil el alma.
Todo se calma.
Quietud inquietante,
tensa espera.
Y se delata, y se siente,
no hay dudas, no hay consuelo.
La daga dio en el centro.
Rasgó el alma, destruyó sueños.
La daga soltó la sangre vibrante,
La dejó ir, le donó al mar,
al mar azul, ese que se lleva
los tesoros del alma.
Y se ve ir, parte, se aleja…
Y se ve ir, se reparte, me aleja…
Y vuelvo a sentir el dolor
de la traición anticipada.
Del dolor que penetra.
Suave brisa de primavera.
Cálida templanza de sueños.
Rugir de latidos continuos
que tornan frágil el alma.
Todo se calma.
Quietud inquietante,
tensa espera.
Y se delata, y se siente,
no hay dudas, no hay consuelo.
La daga dio en el centro.
Rasgó el alma, destruyó sueños.
La daga soltó la sangre vibrante,
La dejó ir, le donó al mar,
al mar azul, ese que se lleva
los tesoros del alma.
Y se ve ir, parte, se aleja…
Y se ve ir, se reparte, me aleja…
lunes, 11 de octubre de 2010
TIEMPO
Para todo hace falta tiempo.
La semilla aguarda la primavera para caer en la tierra húmeda.
A su tiempo, un tallo delicado crece buscando el sol.
Con el tiempo una ronda de hojas lo oculta.
Si hay buen tiempo una hoja se pone fuerte, y el botón que salió de su lado se transforma en flor.
Será tiempo de abejas y mariposas.
Otro tiempo vendrá después para las dulces frutas.
Este libro fue escrito un año antes de ser impreso, y para leerlo tú necesitas tu tiempo.
Un momento de luz de tus ojos brillantes.
Del libro: Libro de Cabecera, de Pipo Pescador
lunes, 4 de octubre de 2010
SAN FRANCISCO DE ASIS
4 de octubre
San Francisco de Asís
…comerciante, deseoso de ser caballero, cristiano reciclado, peregrino itinerante, iniciador di una fraternidad de hermanos menores (de la que conservó sólo el título de hermano), muerto como deseaba entre sus hermanos el 3 de octubre de 1226 con 44 años de edad. Canonizado por el papa Gregorio IX dos años después.
"Altísimo, omnipotente, buen Señor,
a Ti solo la alabanza, la gloria, el honor y toda bendición,
A Ti sólo, Altísimo, te corresponden,
y ningún hombre es digno de mencionarte."
Palabras tuyas, Francisco, del inicio de una oración de alabanza, quizás la más famosa, el Cántico del Hermano Sol. Te empeñabas en resaltar siempre el Sujeto de tus alabanzas. Siempre el mismo: el Señor. De Él, que es "el Bien, todo el Bien, el sumo Bien, todo Bien", viene todo. Desaparece el yo o mejor se reencuentra en tanta sinfonía de Bien. Una infinita Bendición que desciende sobre nosotros y a Él es restituida con palabras bendecidoras y acciones concretas.
Con estas palabras tuyas, bendecimos también nosotros al Señor por tu vida, vivida según el Evangelio: "Altísimo, omnipotente, buen Señor, loado seas por el hermano Francisco de Asís, porque su vida continúa hablándonos de Ti. Y nos encamina hacia Ti", con las actitudes que prefería: la alabanza, el servicio alegre y humilde a todo hombre.
"Alabad y bendecid a mi Señor y dadle gracias
y servidle con gran humildad"
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